martes, 22 de enero de 2008

23 de Tevet de 5768 (2ªparte)


Al salir de Akko nos detenemos a comer. Lo único que puedo decir es que fue incómodo, malo y caro. Tras la clavada emprendemos camino nuevamente hacia el norte buscando Rosh Hanikra. En poco tiempo nos encontramos en la frontera del Libano y desde la verja del lado israelí podemos ver la amarilla del ¿estado? libanés y algún que otro soldado de la inútil tropa de la ONU. Aunque pensándolo bien nos es justo calificarlos de inútiles. A Hezbollah si les son muy útiles para facilitar su rearme y volver a llenar sus arsenales de cohetes con los que hostigar a los civiles del Norte de Israel. Como siempre la ONU es incapaz de mantener la paz pero muy eficaz para ayudar y proteger a terroristas y tiranos. Eso sí, los katiushkas no han conseguido su propósito porque son muchos los israelíes que continúan viviendo y prospetrando en la zona y muchos también los que, a pesar del incompetente gobierno de Olmerte, se asientan en ella, en nuevas aldeas y kibbutz.
Después de ver la frontera bajamos con el teleférico hasta unas grutas que está a nivel del mar y que parecen sacadas de una película de piratas. Nos quedamos alucinados con los colores, sonidos y olores que nos rodean. ¡Hay que ver el vídeo!
Desde Rosh Hanikra iniciamos el camino de regreso hacia Haifa. Esta ciudad está en la zona de mayor concentración industrial del país y eso nos queda claro con las primeras imágenes que nos llegan de ella. Es la típica ciudad gris portuaria e industrial, gris y monótona. Pero, de pronto, tras una curva vemos alzarse al fondo una preciosidad: los jardines Bahai, que suben en una interminable escalinata de bellísima imagen hacia el templo más importante de esta religión.
La fe Bahai es una evolución del islam que intenta aglutinar judaísmo, cristianismo e islam en armonía, buscando el entendimiento pacífico y huyendo de dogmatismos. Buena prueba de ello la tenemos cuando vemos en la fachada de un mismo edificio, juntas, una Estrella de David, una Cruz y una Media Luna.
Subimos la colina en nuestro bus hasta llegar a la cima y desde allí contemplamos una magnífica panorámica de Haifa, la zona circundante y el mar. Bajamos un poco y entramos en los jardines Bahai, paseando por ellos y respirando una profunda sensación de respeto, paz y tranquilidad. Todo está tan verde, tan límpio, tan cuidado, ...¡ qué envidia!
Al terminar la visita Alberto se despide de nosotros, vive aquí en Haifa, y emprendemos el largo camino de regreso a Jerusalem. Entre sueños atravesamos Tel-Aviv hasta que la sensación de estar parados me despierta y nos damos cuenta que algo pasa. Estamos a la altura de Latrún y echamos más de una hora en recorrer un par de kilómetros. Al final comprobamos que se trataba de un autobús totalmente calcinado, lo que nos hace sospechar lo peor. Pero no, ha sido un accidente, sin víctimas.
Llegamos por fin al hotel muuuyyy cansados y con unas pocas galletas como cena nos metemos en la cama para quedarnos dormidos al instante.

2 comentarios:

Andrés dijo...

Cuando estuve allí observando la hermosa vista de Haifa al anochecer, me contaron los padres de unos amigos que viven allí que los miembros de la fe Bahai (que cuentan con muchísimo dinero) le pagaron fortunas a la muncipalidad de Haifa para que construya toda esa calle ancha que da derecho desde el templo Bahai hasta el mar, porque ellos creen que el Mesías mundial va a llegar en Haifa desde un barco velero hasta el templo Bahai, y para eso tiene que tener el camino despejado (sin negocios, shoppings y otras cosas que dificulten su caminar) para que lo pueda recorrer con facilidad.

Por otro lado Paco ¿visitaste el valle de Jezreel (la zona más verde de Israel) y el lago Tiberíades cuando estuviste en el norte?

¿Y fuiste a Eilat? yo no estuve en esa ciudad, pero todos dicen que es la ciudad más turística y hermosa de Israel, con sus playas alucinantes, hoteles lujosos y sitios turísticos.

pacobetis dijo...

sin que estuve tiberiades y la zona de jezreel al dia siguiente. a eilat no pude ir y bien que me pesa pues me hubiera encantado bucear allí